Los perfumes son otro de los grandes ingredientes de la Magia Blanca. Su poder está bendecido por el dios Mercurio y por la diosa Venus a la vez, y sus efectos han sido probados de forma científica. Todas las personas tenemos un componente animal más o menos intenso, que despierta con facilidad ante determinados estímulos olfativos. Esto, combinado con la energía de nuestro deseo y la bendición de nuestros patrones, es susceptible de crear los más poderosos filtros de amor.Como todos los rituales cuya finalidad sea enamorar a alguien, es importante tener en cuenta que existen el libre albedrío como el destino y si la persona a la que buscamos no está predestinada para nosotros, o por razones que sólo nuestro yo profundo conoce, no nos conviene, el ritual será infructuoso por más que nos empeñemos. También es bueno ser consciente de que cualquier filtro de amor, volviéndonos más atractivos en general y mejorando nuestra predisposición en el juego de la seducción; sus efectos incluso se verán siempre incrementados si mostramos una actitud abierta y energética, si nos preocupamos por nuestro aspecto y si estamos con lo que somos y lo que parecemos.
Objetos necesarios:
* Siete hojas de parra
* Siete hojas de laurel
* Siete hojas de rosa roja
* Nuestro perfume preferido
Ritual
* Triturar las hojas de parra, laurel y rosa recitando una oración y pensando en la persona que nos atrae.
* Mezclarlo con el perfume
* Utilizar siete gotas del perfume cada vez que vayamos a ver a la persona que nos resulta atractiva.
Estamos utilizando dos elementos básicos: la tierra y el aire. Las hojas representas la tierra, la fertilidad, el componente animal del que hablamos antes, lo que puede hacer que resultemos atractivos a la otra persona. El aire está representado en el perfume y su objetivo es el de comunicar todo lo que la tierra simboliza. Estos dos elementos en combinación pueden dar como resultado fantasías y conseguir que la otra persona sueñe despierta. Las planta que trituramos despiertan la parte instintiva y el perfume, como herramienta de comunicación, estimula la parte mental, la imaginación.
Las tres plantas tienen una simbología clara y fuerte. Adán y Eva cubrían su pudor con hojas de parra. Esta hoja habla del campo sexual, de la atracción física. Al incluirlo, fortalecemos el sentido instintivo y animal del rito. La rosa es el símbolo por excelencia del amor, con ella incluimos el elemento romántico y emocional. La parra sin la rosa sería inútil, pues nos quedaríamos solo con la atracción física y lo que buscamos es enamorarnos y que la otra persona se enamore. Por último, el laurel es el símbolo de la conquista, de la victoria. Al final pese a todo, la seducción no deja de ser un juego. Es importante verlo así, porque se pensáramos que ganamos sobre la otra persona, que estamos imponiéndole a ella nuestra voluntad, todo enamoramiento estaría condenado al fracaso el ritual sólo traería sufrimiento al practicante y al objetivo.
El número siete trae suerte, puesto que se trata de un número mágico cargado de armonía y de buena energía que nos transmitirá su bondad y lo hará brillar con fuerza en nuestra sonrisa.
Es conveniente realizar este rito en miércoles o en viernes, días regidos por Mercurio y Venus respectivamente, que nos ayudarán a mejorar su funcionamiento.
Oración
A la hora de triturar las hojas, siempre con nuestras propias manos, deberemos recitar en voz alta y con convencimiento la siguiente oración:
Por la parra nos acercamos,
Por el laurel nos uniremos,
Por la rosa nos enamoraremos,
Como la abeja y la flor,
Que jamás se separarán.





